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Humberto Costantini  
Porteño y de Estudiantes
 
 
 

Uno vivió humillado y ofendido, 
se sintió negro, paria, 
risible minoría adventista, 
croata o bicho raro.  

Uno aguantó silencios,  
miradas bocayunior, 
sonrisas riverplei 
y condolencias.  

Uno sufrió, mintió,  
dijo no es nada, 
se congeló el amor en un descenso, 
honestamente quiso sacudir su carga.  

Uno debió explicar con voz de tío  
que había una vez un Lauri,  
y había un Guaita, 
y había una delantera, 
y había un sueño dragón y una princesa,  
y había un rey Estudiantes de La Plata.  

Uno dejó colgada durante veinte años  
la foto de Zozaya, 
porque sí, porque bueno, por costumbre,  
porque le daba no sé qué sacarla.  
Y un día la sacó  
como se sacan  
los relojes viejos,  
el diploma de sexto  
o las nostalgias (estaba desteñida y amarilla, 
y en la pared quedó como una marca o un fantasma).  

Uno se fue, se rechifó del fútbol,  
por despecho se volvió criticón y sociológico;  
se dedicó al latín, al mus, a la política, 
al ajedrez, al sánscrito, a la siesta,  
a la literatura, o a Beethoven,  
o simplemente a nada.  

Y se indignó  
y habló del opio de los pueblos,  
y la revolución que se vacía en el vicio de las canchas.  

Y aguantó como un hombre,  
y vio a su hijo colgar la foto de Rattin 
(justo en aquella marca)  
y lo vio bostezar  
de tanto cuento viejo y tanto Lauri,  
tanta caperucita y príncipe encantado  
y tanto rey Estudiantes de La Plata.  

Uno vivió humillado y ofendido  
se sintió negro, paria,  
risible minoría adventista o croata.  
Entonces  
¿se dan cuenta 
por qué ando así 
bastante bien últimamente 
con sonrisa de obispo  
y con dos alas? 
 

 
Si se hace click sobre el título del tango especialmente compuesto
e interpretado por Jorge Sobral, llamado Sinceramente, se tiene fondo
sonoro adecuado y se lo puede repetir cuantas veces se quiera.
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